- Viernes, 04 Julio 2025
- Fecha de publicación
El sector lamenta que hoteleros y UGT pactan sin contemplar las especificidades de su actividad.

FUENTE: DIARIO DE IBIZA (suscripción), 4 JULIO 2025
Josep Àngel Costa
El preacuerdo entre la Federación Hotelera y el sindicato UGT para aprobar el nuevo convenio de hostelería de Balears supone un duro golpe para el sector de la restauración, que se siente ninguneado en la negociaciones. Los hoteleros y este sindicato, que cuentan con mayoría en la mesa, han evitado una huelga que ya había sido anunciada, pero han acercado sus posturas a espaldas al resto de miembros.
Para el presidente de la Asociación de Bares, Restaurantes y Cafeterías de Ibiza y Formentera (Pimeef Restauració), Miquel Tur, el problema principal no es el aumento salarial del 13,5% aceptado por los hoteleros. Su crítica se debe a que se han dejado de lado las especificidades de su sector, microempresas que no trabajan en exclusiva durante la temporada turística y que necesitan mayor flexibilidad laboral para mantenerse a flote.
«Es una disyuntiva muy compleja porque no puedo asumir el mismo nivel de incremento de los hoteleros pero, a su vez, no quiero que los trabajadores de la hostelería ganen menos ni que se genere una competencia entre sectores que no sería buena», se resigna Tur.
Representación
De los 15 representantes patronales en la negociación, Pimeef Restauració cuenta con un voto, al igual que sus homólogos de Mallorca y Menorca. Y como ellos, el sector del ocio que participa en la mesa, y que cuenta con un solo voto, también rechaza el preacuerdo. No obstante, este último colectivo se concentra en la patronal mallorquina Abone, que solo cuenta con dos locales del West End como asociados en Ibiza. En cambio, la asociación Ocio de Ibiza ha mostrado su satisfacción por el preacuerdo para el convenio, pero no participa en estas negociaciones.
Por contra, las federaciones hoteleras cuentan con ocho votos de Mallorca, dos de Ibiza y otro de Menorca. Por la parte sindical, UGT goza de amplía mayoría con diez miembros, frente a los cinco de CCOO.
Para los restauradores, este reparto es, a todas luces, injusto con la realidad de ambos sectores. «Los hoteles, en el conjunto de Balears, pueden representar 100.000 trabajadores, pero nosotros otros 80.000. Tenemos una presencia muy grande que no se ve reflejada [en la mesa del convenio]», apunta Tur.
Los hoteles, aunque sean muchos menos en número, suelen ser establecimientos de gran volumen con plantillas numerosas, que les dota de delegados sindicales y comités de empresas. «El 95% de la hostelería balear está formada por microempresas sin representante sindical», precisa Tur.
Al peso dispar de cada sector en la mesa de negociaciones se suma que sus intereses y realidades «cada vez tienen diferencias más acentuadas». Los hoteleros se benefician de una posición de oligopolio «protegido» gracias al consenso de los últimos años para limitar el número de plazas. «Y estamos muy a favor, porque es necesario limitar la entrada de turistas y marcar las plazas de forma clara», subraya Tur. «Pero nosotros sufrimos una competencia continua y, al lado de mi restaurante, pueden abrir tres más si cumplen la normativa».
Además, gracias a internet, los hoteleros se libraron de la dependencia de los grandes turoperadores. «Su cuenta de resultados depende de la venta de habitaciones, cada vez a precios más elevados, pero también de los servicios complementarios de que disponen. Se benefician de más fuentes de ingreso que nosotros».
La posición de los restauradores sale aún peor parada si se tiene en cuenta que los hoteleros juegan con la ventaja de las reservas, que favorecen una amplia planificación. «Nosotros pasamos de llenar el 80% de las mesas a solo un 30% de un día para otro», se resigna.
Reivindicaciones
Ante esta tesitura, sobre todo con la diferencia del margen de beneficios de los últimos años entre unos y otros, los restauradores claman porque, al menos, el convenio colectivo incluya un epígrafe para sus especificidades. Por ejemplo, mayor flexibilidad en los horarios, con la posibilidad de trasladar al verano horas de los meses de invierno.
O, como propone Tur a título individual, bonificaciones para reducir los costes laborales para aquellos establecimientos que abran todo el año. La situación ideal, ante una realidad tan diferenciada, sería contar con un convenio específico.
«Hay unas dificultades jurídicas para demostrar que existe una representatividad suficiente y a los hoteleros les interesa que nosotros estemos allí. Así el convenio es más voluminoso y nos pueden hacer servir como excusa y advertir de que hay un sector que no puede asumir esas subidas. No queremos ser una excusa, queremos ser protagonistas», sentencia.